VERBORREA EPISTEMOLÓGICA: BIO, ECO, RE Y OTROS PALABROS.

VERBORREA EPISTEMOLÓGICA: BIO, ECO, RE Y OTROS PALABROS.

Yo amaba los plásticos. Tan tersos, tan brillantes, de colores potentes y huelen bien. También me gustan los donuts y los torreznos. Y sin embargo, conscientemente, no los quiero. Es una cuestión de criterio, de pensar en la salud.

 

Las chuches me fascinan, pero no quiero comer plástico. Ni respirar COVS. Esos invisibles bichitos que dañan la salud y no son virus, son compuestos orgánicos volátiles. Ya, es verdad, no se ven. Qué importa. Como las radiaciones del microondas, que no se ven. En Chernobil tampoco se ve nada.

 

En el mundo de la arquitectura estamos ya cansados de hablar de bioclimática, de casas ecológicas que se adaptan al medio, de sostenibilidad, de lo importante que es el sol y el árbol. En la escuela nos enseñan a diseñar con el medio ambiente y la relación con el exterior. Pero no hay in-formación del interior, de la salud, del aire. No se habla de  arquitectura tóxica, de los ambientes asfixiantes de casas que no transpiran, porque son de hormigón y cemento, oficinas entre cristales que no se abren, o incluso, la tan en boga ahora passivhaus: Sistema perfecto para el norte de Europa, pero please, no en España. En Alemania, en EEUU, se construye con materiales naturales, pensando en la salud, con bioconstrucción. Pero nosotros aún no. Y cuando queremos unirnos al carro, copiamos mal.

 

Quiero respirar. No quiero vivir en un traje de plástico. Es mejor que de plástico sólo sean las botas y el sombrero. Ni hablamos de las vetas de agua que afectan tanto al descanso y equilibrio emocional. O del gas radón. Ah sí! De eso sí se habla: la recién aprobada directiva europea 2013/59/Euratom. Pero, ¿quién la conoce?

 

Quizá esto son tonterías de paranoicos vegetarianos. Pero no es el caso. Ni es por moda. La moda, es cierto, nos llena los carteles de bio, eco, reciclados, re-todo. La sostenibilidad está hasta en la sopa, pero, amigos, leamos entre líneas, veamos más allá. ¿Es sostenible construir con madera de pino canadiense en España? ¿y comer kiwis de nueva Zelanda? ¿Es ecológico construir con madera y darle barniz industrial, sigamos una capita de plástico? ¿Y qué significa

que ciertas marcas no-sostenibles, pongan “eco” en sus productos? ¿y si reciclo, molo? ¿y si reciclo unas chapitas de amianto, también?

 

 

Nos perdemos entre tanta verborrea epistemológica, tanta terminología, pero es cierto, no es fácil tener un criterio. ¿Qué prima? ¿Que sea reciclable, sostenible, bioclimático, bioconstruido, que no dañe la salud o que no dañe el medio ambiente, o que lo pueda pagar?

 

En una arquitectura consciente es difícil ser fiel a todos los criterios. Porque incluso a veces, siendo radicales, podemos llegar a pensar que construir eco, bio, sostenible, pero usando paneles de periódico reciclado, no es bueno energéticamente, porque las noticias en los periódicos son malas y nos dan mala onda…

 

Formemos criterio, seamos conscientes. Pero, ¿dónde están los límites?

El debate queda abierto.